Tal vez solo somos parte de la sangre de un Dios que yace herido de muerte y caemos a través de su piel abierta en el pecho a un exterior desconocido, finito y desolado donde nos separamos de cada uno en células hasta llegar y golpear un suelo inexistente y morimos al despertar durante el nacimiento gritando y llorando desconcertados, extrañando estar juntos, formando parte de algo y buscando el calor de nuestro Dios en los brazos de una madre.
- O quizá solo somos polvo de estrellas yo qué sé...
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